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más de siete décadas, un grupo de visionarios
sorteó el aislamiento natural del hombre de campo,
comprendiendo el valor de la unión de sus fuerzas
para superar sus condiciones de vida y el nivel de relación
con el resto de la comunidad.
Ellos crearon esta Asociación Nacional de Productores
de Leche, haciendo posible que hoy, toda familia que
se dedique a nuestra actividad, cualquiera sea el lugar
del país donde esté establecida, sienta
que en esa y en las demás cuencas lecheras del
territorio nacional, hay otros miles de hombres, mujeres
y jóvenes, con una acendrada convicción
gremialista, que los apoya, respalda e impulsa hacia
mejores horizontes.
Por eso, hoy no estamos solos. Hemos aprendido la lección
de unirnos para trabajar mejor.
De esa forma, como en cada uno de los actos que celebramos
se agolpan las vivencias de miles de familias a través
de varias generaciones, éstas líneas pretenden
encerrar el homenaje a los fundadores de nuestra Institución,
la valoración de logros obtenidos por quienes
han dirigido sus destinos y la reafirmación de
la filosofía en que basamos nuestra acción
permanente.
Lo hacemos con modestia y sencillez, como toda nuestra
actividad, pero con el orgullo de haber obtenido metas
que siguen siendo aspiraciones para muchos productores,
no sólo de nuestro país, sino de naciones
hermanas de América Latina, pero conscientes
también de todo lo que todavía debemos
transitar.
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